viernes, 15 de noviembre de 2013


YAMUL

(por Regys Garcya)


Existen tantas historias de reyes y sabios, pero esta es una muy peculiar Sucedió no hace mucho en las tierras del sur en donde vivía Nahím, quien había sido dispuesto gobernante por ser el más respetado y con la gran virtud de saber dirigir,  hacerse escuchar y un correcto juicio.
Cierta noche mientras trataba de dormir surgió en su mente un pensamiento que nunca había tenido ¿Qué pasaría si algún día se equivocaba? ¿Qué pensaría el pueblo sobre él? Y si en su error trajera como consecuencia el sufrimiento de otros.
Razonando  estas y otras preguntas llegaron las altas horas de la noche hasta el punto en que no pudo controlar más sus pensamientos y sus dudas. Sin dejar pasar un minuto más mando a buscar al viejo Yumal, su fiel consejero.
- ¿Qué ocurre mi señor? ¿Qué preocupación ocupa tu mente que no te ha permitido descansar?
- Ocurre- dijo Nahím – que quiero saber si alguna vez te has equivocado yamul? ¿Qué ocurre entonces?
Yamul dejo entre ver una sonrisa apenas disimulada, callo, y después de un breve instante respondió.
-Sabe usted majestad, hace algún tiempo visite yendo hacia el sur unas tierras lejanas y fantásticas.  En aquel lugar vi tantos animales que nunca en mi vida había tenido a la vista y de los cuales desconocía su nombre, aunque en esencia igual a tantos otros. Unos comían carne, otros yerbas. Y aunque llegue a odiar y temer  a los primeros, me di cuenta de que ambos eran tan esenciales para su supervivencia, ya que la existencia de uno garantizaba la del otro.
¿qué posibilidades tendría de convencer a un león de no comer a la pequeña cebra? ¿cómo convencer al león y hacerlo reflexionar de la crueldad que comete al asesinar y comer al más indefenso del grupo?
No hay forma mi señor. Lo hacen por instinto.
En nuestro actuar las personas demostramos de forma casi imperceptible un instinto marcado y heredado a fuerza de años de supervivencia. Las llamamos emociones.
Nuestra naturaleza – su majestad- nos hace sentir miedo, angustia, tristeza, alegría. Nuestra experiencia de vida nos ha dado el miedo y el temor. Pero quien no las enfrentado nunca, es fácil que los confunda con el espanto y el susto.
¿Cómo saber de tristezas y miedos si vivimos siempre bajo algún cobijo? ¿Cómo alegrarnos de nuestros aciertos si ocultan nuestros errores?
Equivocarse, es de humanos.  Y solo usted podrá saber sus alcances cundo entienda sus limitaciones.
-Yamul, dijo el rey has hecho de mis preocupaciones una alegría.
El viejo salio despacio seguro de que el rey había comprendido....

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