YAMUL
(por Regys Garcya)
Existen tantas historias de reyes y sabios, pero esta es una
muy peculiar Sucedió no hace mucho en las tierras del sur en donde vivía Nahím,
quien había sido dispuesto gobernante por ser el más respetado y con la gran
virtud de saber dirigir, hacerse
escuchar y un correcto juicio.
Cierta noche mientras trataba de dormir surgió en su mente
un pensamiento que nunca había tenido ¿Qué pasaría si algún día se equivocaba? ¿Qué
pensaría el pueblo sobre él? Y si en su error trajera como consecuencia el
sufrimiento de otros.
Razonando estas y
otras preguntas llegaron las altas horas de la noche hasta el punto en que no
pudo controlar más sus pensamientos y sus dudas. Sin dejar pasar un minuto más
mando a buscar al viejo Yumal, su fiel consejero.
- ¿Qué ocurre mi señor? ¿Qué preocupación ocupa tu mente que
no te ha permitido descansar?
- Ocurre- dijo Nahím – que quiero saber si alguna vez te has
equivocado yamul? ¿Qué ocurre entonces?
Yamul dejo entre ver una sonrisa apenas disimulada, callo, y
después de un breve instante respondió.
-Sabe usted majestad, hace algún tiempo visite yendo hacia
el sur unas tierras lejanas y fantásticas.
En aquel lugar vi tantos animales que nunca en mi vida había tenido a la
vista y de los cuales desconocía su nombre, aunque en esencia igual a tantos
otros. Unos comían carne, otros yerbas. Y aunque llegue a odiar y temer a los primeros, me di cuenta de que ambos
eran tan esenciales para su supervivencia, ya que la existencia de uno
garantizaba la del otro.
¿qué posibilidades tendría de convencer a un león de no
comer a la pequeña cebra? ¿cómo convencer al león y hacerlo reflexionar de la
crueldad que comete al asesinar y comer al más indefenso del grupo?
No hay forma mi señor. Lo hacen por instinto.
En nuestro actuar las personas demostramos de forma casi imperceptible
un instinto marcado y heredado a fuerza de años de supervivencia. Las llamamos
emociones.
Nuestra naturaleza – su majestad- nos hace sentir miedo,
angustia, tristeza, alegría. Nuestra experiencia de vida nos ha dado el miedo y
el temor. Pero quien no las enfrentado nunca, es fácil que los confunda con el
espanto y el susto.
¿Cómo saber de tristezas y miedos si vivimos siempre bajo
algún cobijo? ¿Cómo alegrarnos de nuestros aciertos si ocultan nuestros
errores?
Equivocarse, es de humanos. Y solo usted podrá saber sus alcances cundo
entienda sus limitaciones.
-Yamul, dijo el rey has hecho de mis preocupaciones una
alegría.
El viejo salio despacio seguro de que el rey había
comprendido....

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