jueves, 14 de noviembre de 2013

PARA COMPRENDER


QUISIERA COMPRENDER QUE........



Hay ocasiones en las que despiertas, olvidas recuerdas y vuelves a intentar dormir. Y entonces lo que ves no es más que el reflejo que forman tus ojos hacia tu memoria.
Homero realizó una memorable labor a recopilar los cantos que relataban aquellos cruentos enfrentamientos entre Aqueos y troyanos hasta conformar un libro al que se le conoce como “La Ilíada”. En ella héroes de leyenda se enfrentan a Guerreros hábiles y poderosos.
Aquella lucha  librada a lo largo de 10 años da término ante la conquista de Troya en tiempos de Agamenón y el temible Aquiles. Sin embargo gran parte de las acciones narradas no son consecuencia de quienes ofrendaron sus vidas por ella o por la sabia  dirección de rey alguno, sino como causa del  designio de sus dioses quienes premian con olivos o piras.
Desde la memoria histórica la vida del hombre se ha enmarcado no en lo que el hombre hace, sino en lo que se le ha permitido hacer. Es risa o desgracia; ansiedad o calma, paciencia o ira; no hay punto límite. No hay tiempo que valga para detenerse a razonar y decidir pues es mejor el hacer que el pensar.

Dentro de esa maldición divina existe un punto en común que nos une y nos hace girar con menor o mayor fuerza tal como lo hace un rehilete con el roce del viento. Tal punto no es otra cosa sino el eje de las emociones. Nos pasamos la vida buscando en cada charla algo que nos reafirma y nos impulsa a dar pasos breves en la vida, la comprensión de los otros. Y en tal encrucijada cuando no se tiene el menor cuidado, hurgamos como agujas el álter ego, derramando de esta forma sus variantes: pasión indiferencia, ansiedad, miedo, llanto, alegría, etc. Y a medida que se alejan del eje de “la comprensión” se dispersan. En todo esto puede haber discrepancias, no obstante en lo que siempre estaremos de acuerdo es en que no hay hombre sin sentimientos.

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