Camino sobre la humedad de
una tierra apasionada, llena de ardientes deseos. Contagia de su calor a una palmera, la
deja erecta, lista para su primer zarpazo. El muro de ideas que observa la
escena, oculta los celos de una farola mientras
guarda su luz tenue, y en éste día, da por ser transeúnte de ideas a la sombra
de un sol ajeno.
Mientras se escucha el
quieto aleteo en las mortajas de una libélula, la calle se llena de ecos.
En la lejanía, una torre. Su
reloj marca las once y entonces, tu risa matutina resuena y llena los caminos
que lucen envueltos de un ocre silencio.
R.G.N.
2/OCTUBRE/2015

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