LA IDEA MAS LOCA; LA LUZ EXISTE
(Regys Garcya)
La l
La luz,
enigmática y llena de fantasías, nos ha acompañado desde los inicios de la vida
y será la misma quien nos despida. Young expresa que no se trata sino de una deformación magnética,
un espectro proveniente de la radiación solar, la metafísica, la expresa como prueba
de seres divinos provenientes de la anti-materia la filosofía como parte de una
claridad; lucidez. Hablamos de momentos de luz cuando nos va bien, y de
obscuridad cuando caemos en lo contrario. Yo, tan solo pienso que somos
afortunados de verla, disfrutarla, sentirla.
Siempre
me ha rodeado esa rara idea de que somos
"seres de luz" pero no en el sentido de lo enigmático sino de la
realidad misma.
Todo lo
que vemos e incluso lo que sentimos es causada por la luz.
Todo el
mundo tiene la extraña idea de vivir, sin embargo esta idea solo la confirma
una acción; ser visible para los otros, quienes establecerán esta ley al
nombrarnos –está ahí, es aquel, tú..... etc.... y todo esto no sería posible
sin esa luz.
Cuando
permanecemos quietos no somos más que un objeto, el objeto de los demás quienes
nos mueven a su voluntad y nosotros seguimos la inercia de su fuerza, tal cual
hace un niño con sus canicas. Incluso él nos puede hacer mover si nosotros no
lo hacemos por “nosotros mismos”.
El ser
humano es ese ser extraño, ser porque existe, porque es; extraño porque aunque
es él quien existe bañado en luz, sede ese espacio en alguien más (o algo)
formado por su propia lucidez, y le concede todos los privilegios de construir
y deshacer.
Las
personas sienten, tocan ven, se ven unas a otras y aun así ven lo que la luz no
puede, sus propios pensamientos; sin darse cuenta de que éstos son y han sido
el arma más peligrosa que atenta contra su propia existencia.
-lo he
visto, dijo alguien; -¡es verdad! replica alguien más. Y esas palabras, esos
pensamientos construyen verdades a fuerza de convencionalismos.
—¡Ay!
Diógenes, si aprendieras a ser más sumiso y a
adular
un poco al emperador, no tendrías que comer tantas
lentejas.
Diógenes
dejó de comer, levantó la vista y mirando al
acaudalado
interlocutor profundamente, le dijo:
—Ay
de ti, hermano. Si aprendieras a comer un poco de
lentejas,
no tendrías que ser sumiso y adular tanto al
emperador.
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