martes, 12 de noviembre de 2013

LA IDEA MAS LOCA


LA IDEA MAS LOCA; LA LUZ EXISTE

(Regys Garcya)


La l
La luz, enigmática y llena de fantasías, nos ha acompañado desde los inicios de la vida y será la misma quien nos despida. Young expresa  que no se trata sino de una deformación magnética, un espectro proveniente de la radiación solar, la metafísica, la expresa como prueba de seres divinos provenientes de la anti-materia  la filosofía como parte de una claridad; lucidez. Hablamos de momentos de luz cuando nos va bien, y de obscuridad cuando caemos en lo contrario. Yo, tan solo pienso que somos afortunados de verla, disfrutarla, sentirla.
Siempre me ha  rodeado esa rara idea de que somos "seres de luz" pero no en el sentido de lo enigmático sino de la realidad misma.
Todo lo que vemos e incluso lo que sentimos es causada por la luz.
Todo el mundo tiene la extraña idea de vivir, sin embargo esta idea solo la confirma una acción; ser visible para los otros, quienes establecerán esta ley al nombrarnos –está ahí, es aquel, tú..... etc.... y todo esto no sería posible sin esa luz.
Cuando permanecemos quietos no somos más que un objeto, el objeto de los demás quienes nos mueven a su voluntad y nosotros seguimos la inercia de su fuerza, tal cual hace un niño con sus canicas. Incluso él nos puede hacer mover si nosotros no lo hacemos por “nosotros mismos”.
El ser humano es ese ser extraño, ser porque existe, porque es; extraño porque aunque es él quien existe bañado en luz, sede ese espacio en alguien más (o algo) formado por su propia lucidez, y le concede todos los privilegios de construir y deshacer.
Las personas sienten, tocan ven, se ven unas a otras y aun así ven lo que la luz no puede, sus propios pensamientos; sin darse cuenta de que éstos son y han sido el arma más peligrosa que atenta contra su propia existencia.
-lo he visto, dijo alguien; -¡es verdad! replica alguien más. Y esas palabras, esos pensamientos construyen verdades a fuerza de convencionalismos.

  
—¡Ay! Diógenes, si aprendieras a ser más sumiso y a
adular un poco al emperador, no tendrías que comer tantas
lentejas.
Diógenes dejó de comer, levantó la vista y mirando al
acaudalado interlocutor profundamente, le dijo:
—Ay de ti, hermano. Si aprendieras a comer un poco de
lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al

emperador.

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