Que estudie maestro, eso le digo. Que le ponga ganas, me
decía Don Crisanto mientras me platica
de su pueblo de allá por la Mixteca. Tierra seca pero muy
querida.
Yo sufrí maestro, sufrí mucho. Mi apá me pegaba con cuero.
Váyase Órale; Me ordenaba, y a tirarle.Dos horas de camino. Sin zapatos pues,
así era. Tenía las patas cocidas, ya ni sentía las piedras.
Yo nomas con una ropa de esa de manta, y una correa en la
cadera pa que no se me fuera a caer.
Un lápiz nomás tenía, y un cuaderno, de esos delgaos pues.
Así lo escuchaba, y a ratos me parecía que la voz se le
quebraba mientras con la mano izquierda
frotaba la cabeza de su nieto. Yo ya le dije pues, mi hijo, a
ti te va bien.
Suéneselo maestro, tú no te preocupes, yo no me voy a enojar.
Yo sé cómo son los chamacos. Jálale la oreja pa que entienda, cuando no quiera
estudiar.
Jhummm, hay maestro, a mí en la escuela mira con tabla me
daban en la mano cuando me portaba mal. Ahí de aquel que hiciera bulla. Yo
había vece no comía, otra nomas tortilla y café. Estudie hasta tercero, pero la
letra la aprendí a hacer bien. Así ayude a mi apa, Órale me decía que pa eso te
mande a estudiar.
Yo por eso le digo, mijo, tú no sufres nada. La escuela te
queda bien cerca y hasta cuaderno lápiz y libro te dan.
Irving solo escuchaba, a él si le salieron las lágrimas como
si entendiera la tristeza que escondían las palabras de su abuelo, o quizás
imaginando que castigo le pondría yo ahora cada vez que se portara mal.
Don Crisanto es una persona de campo, endurecida a fuerza del
trabajo. Sus manos gruesas, lastimadas, rasposas y manchadas. Su voz aun
fuerte, sus ojos rojos de tanto sol y una barba mal cortada.
Desde los nueve años, tuvo que dejar la escuela, como él lo
describe en pocas palabras: -había que darle, ya venían mas chamacos atrás.
Esta chamba es bonita maestro pero ta bien castigada. Yo como
le digo a mi nieto. Mira hijo, si ya no quieres venir pos te llevo pal cañal.
Pero no mijo, yo no te quiero ver así. Yo quiero que seas licenciado, o maestro
como me has dicho.
Lo quiere mucho este chamaco profe, yo se que usté es buena
gente, yo conozco a sus papás. Me acuerdo que su mamá nos llevaba fruta, o algo
pa echarse un taco. Es muy distinta a la gente de acá.
Este canijo no entiende, no sabe lo que es sufrir. Por eso lo
pongo a rajar leña o a garrotear frijol otras veces a tapiscar. Que sienta el
ajuate del maíz, que le cale un poco el sol.
Eso
dijo don Crisanto y luego se despidió con un fuerte apretón de manos, como quedando
agradecido. Irving se quedó muy quieto, luego se sentó. Yo, solo me quede
pensando en aquella conversación

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